viernes, 12 de agosto de 2011

El ELLO o ID. Las pulsiones y el principio del placer.

He decidido terminar con Freud para no dejar las cosas a medias. A partir de ahora intentaré hacer una entrada por día sobre él para terminar con todo el tema del psicoanálisis y así luego poder empezar con la filosofía desde cero.


Un saludo.


El ello es la parte más antigua de nuestra personalidad y por eso mismo es completamente inconsciente y primitiva. El ello es el responsable de todas las llamadas PULSIONES. Las pulsiones son los focos de energía psíquica, es decir, tensiones que tratan de obligar a nuestra voluntad para hacer algo. A partir de las pulsiones se originan los deseos y los impulsos. Por ejemplo, a partir de las pulsiones sexuales se originan los deseos sexuales concretos, como pueda ser el animal. Es, por decirlo de alguna forma, la forma que tiene la naturaleza de obligarnos a hacer algo: buscar comida, querer reproducirnos, defendernos de una agresión… etc. Las pulsiones generan tensiones internas que son las que nos obligan a actuar; por ejemplo, la pulsión que nos impulsa a comer, mientras no es satisfecha genera tensión en forma de irritación, ansiedad, nerviosismo. Esta tensión continúa en aumento hasta que se satisface y se descarga en un objeto. Al satisfacerse una pulsión, la situación generada en el organismo es de satisfacción, plenitud y placer. Estas tensiones son la fuente de la vida activa del animal y suponen el mecanismo biológico que utiliza la naturaleza para asegurarse de que los animales mantienen y acrecientan su vitalidad.
El mecanismo de conducta del ELLO es simple: ante una pulsión determinada, se busca la satisfacción inmediata. Por eso, según Freud, la ley que gobierna la conducta del ello es el PRINCIPIO DEL PLACER: al buscar de la satisfacción de las tensiones, esta liberación produce placer y nos sentimos plenos.



El ello no tiene valores morales ni actúa pensando en los demás, sino que actúa sólo conforme
al principio del placer; eso significa que su conducta va encaminada exclusivamente a conseguir placer y a evitar lo desagradable. Cuando nacemos toda nuestra personalidad
la soporta el ello, solamente tenemos una motivación para nuestra existencia, el placer, es decir, la satisfacción de nuestros instintos. Pero somos inconscientes, no nos damos
cuenta de lo que hacemos. No tendremos conciencia de lo que somos ni de lo que hacemos hasta que desarrollemos el YO, es decir, la conciencia.




Podemos hacer una pequeña lista de las características básicas del ello inconsciente:



-Ausencia de cronología; En el inconsciente la cronología no existe, como tampoco rige en
los sueños. En la vivencia onírica pueden darse casos en que el tiempo y el espacio estén
totalmente ausentes. Todas las tendencias son vividas por el inconsciente en el tiempo actual, incluso cuando se refieren al pasado o al futuro.


-Ausencia de concepto de contradicción; Tampoco tiene el inconsciente un concepto
definido de la contradicción. No opone reparo alguno a la coexistencia de sucesos contrarios.
Pueden existir a la vez un sí y un no. Un amor y un odio, se pueden vivir en forma simultánea sentimientos de odio de amor, sin que uno de los dos desplace o anule al otro ni siquiera en
parte.


-Lenguaje simbólico; Cuando el inconsciente tiene que decir, lo expresa utilizando símbolos.



-Igualdad de valores para la realidad interna y la externa o supremacía de la primera; La realidad interna en los psicóticos y neuróticos tiene tanto o más valor que la externa. El psicótico, que vive la fantasía de ser mujer, tiene en ella algo que es tanto o más valedero que su real personalidad. Por lo tanto, es perfectamente natural que actúe como tal. También el
psicótico que se cree millonario vive una realidad interna más valedera que la externa; está convencido de que ha comprado todos los ríos y los campos del país y en un gesto de generosidad, que en el es auténtico, le regala a un amigo dos estancias y a otro un río entero. Esto, aparentemente, tiene ribetes risueños, pero para el hombre cuya acción psíquica esta condicionada por el proceso primario, es algo tan serio y real como lo serían para un hombre normal.


-Predominio del principio del placer; El hombre normal aprende a esperar y a
acomodarse para conseguir la satisfacción instintiva; en cambio el neurótico y psicótico que se encuentran dominados por el proceso primario, no pueden soportar el displacer, pues las tendencias del inconsciente buscan su satisfacción, sin preocuparse por las consecuencias que ésta pueda deparar. Tal imperativo constituye lo que se denomina predominio de principio del placer. Existe en este plano del aparato psíquico un carácter perentorio que es una cualidad general de los instintos y constituye la esencia de los mismos.

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